Historia

Los moradores de Abarán hubieron de hacer frente a los devastadores ataques del cercano reino nazarita de Granada, que diezmó cruentamente su población, hasta la consecución de su Carta Puebla, a finales del siglo XV.

La expulsión de los moriscos a principios del siglo XVII, provocará una recesión económica y demográfica en su territorio, que se prolongará hasta la llegada del siglo XVIII.

Abarán también sufrirá una crisis en el siglo XIX, provocada por las epidemias, las malas cosechas y la Guerra de la Independencia. Sin embargo, de nuevo, esta tierra renacerá de sus cenizas hacia el siglo XX, gracias a la revalorización de la comarca por: el tendido del ferrocarril Madrid-Cartagena, la creación de la Comunidad de Regantes “Motor Resurrección” y el desarrollo de la industria de manipulación de frutas frescas para la exportación. 



Prehistoria.

El término municipal de Abarán se asienta en el Valle de Ricote, concretamente en la margen izquierda del río Segura, circundado meridionalmente por la Sierra del Oro y septentrionalmente por la vertiente noroccidental de la Sierra de la Pila.

Como consecuencia de su emplazamiento y de una compleja tectónica y topografía, Abarán se caracteriza por una orografía accidentada, que define su carácter de villa cerrada y recoleta, y por una feraz huerta regada por el río Segura. Estos factores la han convertido, desde tiempos inmemoriales, en un lugar propicio para el asentamiento humano, puesto que facilitan la función defensiva, así como los recursos necesarios para la subsistencia.

Asentamientos Primitivos: Predominio del Bronce

Mientras que en otros municipios limítrofes, como es el caso de Cieza, se han hallado pinturas rupestres paleolíticas, los vestigios arqueológicos encontrados en Abarán tan solo nos permiten remontarnos a 3.000 años antes de Cristo, momento desde el cual han ido aflorando restos arqueológicos de épocas sucesivas, especialmente del Bronce I y II, y de la Cultura Íbera.

Los primitivos asentamientos de población dentro del actual término municipal de Abarán, se aglutinan entorno a varios accidentes fisiográficos importantes: la Vega Alta del Segura, la Rambla del Judío, la del Moro, la Sierra del Oro y las formaciones de la Sierra de la Pila.

Al período del Bronce I, comprendido cronológicamente entre 2.100 y 1.700 años antes de Cristo, corresponden las estaciones de los parajes de La Umbría del Mortero y la Cueva de la Excomunión. En esta última, la naturaleza de los restos arqueológicos encontrados y la tipología del emplazamiento, apuntan a la posibilidad de una ocupación de la cueva anterior, probablemente en época paleolítica. Ambos emplazamientos fueron reutilizados posteriormente por pobladores íberos.

El Segura a su paso por Abarán.

La ocupación de Abarán por los poblados metalúrgicos del Bronce II (años 1700-1200 a. C), se encuentra representada en el Cabezo de la Carrahila y en el Cabezo del Piricu de la Mina, popularmente conocido como “Cabezo del Judío”. En el Cabezo de la Carrahila también se han encontrado vestigios que apuntan a la existencia de una secuencia íbera e incluso romana. En cuanto al Cabezo del Judío, bordeado por el Barranco del Judío, cuenta con fragmentos de cerámica argárica y varios trozos de molinos barquiformes.

Cultura Íbera

El paso de pobladores íberos por tierras abaraneras, aparece testimoniado en los parajes del Boquerón y el Cabezo de la Corbetera. El yacimiento de El Boquerón, situado aguas arriba de la Rambla del Moro, cuenta con cerámicas íberas pintadas de estilo geométrico, aunque también se tienen noticias de la aparición de restos romanos. En 1964 el espeólogo Pedro Fernández Molina, hallaba fragmentos de cerámica íbera de estilo geométrico en el Cabezo de la Corbetera.

Como es habitual en el Sureste Peninsular, los poblados argáricos del Cabezo de la Carrahila y del Cabezo del Piricu de la Mina, fueron posteriormente ocupados por pobladores íberos. En el primero, aparte de las cerámicas indígenas pintadas, se hallaron trozos de vasos campanienses; en el segundo aparecieron algunos molinos circulares y las típicas cerámicas pintadas. 



Antigüedad.

Romanización

Al período íbero, afectado por influencias púnicas, fenicias y griegas, sucedió la dominación romana, de cuya etapa han aparecido vestigios en el Cabezo de la Carrahila y la “Villae” de Román, en la Rambla de la Raja.

La romanización del territorio abaranero ofrece, por el momento, una imagen insuficientemente clara. Por un lado, existen testimonios de la existencia de cerámica romana tardía del tipo sigillata clara (tipo de cerámica cuya principal característica es su color anaranjado) en el Cabezo de la Carrahila, que revelan una ocupación hasta fecha avanzada de los puntos estratégicos.

Otro de los testimonios del paso de los romanos por estas tierras, es la presencia de una organización agrícola en las “villae rusticae” de Román, en la Rambla de la Raja, que contaban con un complejo sistema de regadío y abastecimiento de aguas, situado en el tramo inmediatamente anterior a la confluencia de esta rambla con la del Moro, y sobre el actual límite entre los términos municipales de Abarán y Jumilla.

Las excavaciones e investigaciones efectuadas en la Casa de los Cobos de Román y de La Alberca, certifican que dichas “villae” se emplazaron en núcleos de población íbera, perdurando desde la época de los Julio Claudios (Alto Imperio. Años 14-69 a. C.), hasta los últimos tiempos del Imperio Romano. 


Edad Media.

Alta Edad Media: Abarán islámico

El origen del topónimo de Abarán resulta difícil de definir, según investigaciones de la doctora Consuelo Vª. Hernández, podría radicar en una tribu bereber que se estableció en la Península, llamada "Hawwära", de donde deduce pudo ir transformándose en Hawwäran – Fauarán – Habarán – Abarán. Aunque según otros investigadores, el origen del topónimo podría relacionarse con otros más antiguos como “Arán” o “Navaran”, que significan valle.

Durante la dominación árabe recibe el nombre de "Fauaran", emplazada dentro de la comarca de "Riqüt" (Ricote), que cuenta con cuatro castillos: Ricote, Ojós (Los Peñascales), Blanca y Darrax.

Es en la desembocadura del Valle de Ricote donde surge, a finales del siglo IX d. C., el estratégico poblado de "Fauaran", punto de partida de la actual Abarán y testimonio del origen esencialmente árabe del lugar.

La situación de aislamiento del Valle, mantuvo a "Fauaran" exenta de influencias extrañas, determinando de manera definitiva su dinámica histórico-cultural. De esta forma es como se forjó aquí un pueblo de aguerridos muladíes, musulmanes ante todo, pero orgullosos de su linaje hispano y recelosos de su independencia e individualidad, determinada por una combinación de topografía escarpada e idiosincrasia.

Los moradores de "Fauaran" prestaron su apoyo incondicional contra los almorávides, al murciano Ibn Mardanis, el mítico “Rey Lobo”. También ayudaron en su lucha contra los almohades a Muhammad Ibn Hud, proclamado emir en 1228 y que, durante unos años, logró unificar bajo su mando a la práctica totalidad de la España musulmana.

Sin embargo, el espléndido reino de Ibn Hud apenas sobrevivió a la muerte de su fundador, asesinado en Almería en 1238. Desde entonces el Valle cayó en manos de un arráez, que gozaba de cierta independencia. Aunque Abarán no aparece citado en las fuentes árabes o cristianas de la época, existen pruebas fehacientes de su existencia, como en el paraje del Cabezo de la Corbetera, empleado como asentamiento hasta el siglo XIII, y en el que han aparecido restos de una atalaya y un cementerio.

Cinco años después de la muerte de Ibn Hud, Abarán hubo de aceptar el protectorado de Castilla, por lo que hacia el año 1270 ya no quedaba prácticamente nada de la obra emprendida cuarenta años antes por aquel.

Fuente con leones en el Paseo de la Ermita [Abarán_Historia]

Baja Edad Media: Abarán bajo la dominación castellana

Una vez en manos de los cristianos, Alfonso X entrega el Valle de Ricote a uno de sus más estrechos colaboradores, Enrique Pérez de Arana, quien nombró como representante a Pedro Peláez de Conteras. Pero este estratégico territorio sería también deseado por la Orden Militar de Santiago, quienes no cejarían hasta conseguirlo.

La muerte de Alfonso X y el subsiguiente derecho a la corona de los Infantes de la Cerdá, desagrada al entonces infante Sancho, quien, por documento otorgado en Ágreda el 25 de marzo de 1281, promete donar, cuando reine, todo el Valle de Ricote – “...et con Fauaran...” – a la Orden de Santiago, en recompensa por la ayuda prestada. Gracias a este documento Abarán entra documentalmente en la Historia.

El 12 de noviembre de 1285, Sancho IV confirma su promesa en Sevilla, pasando Abarán a formar parte de la Encomienda de Ricote y permaneciendo bajo el yugo de los santiaguistas hasta el siglo XIX. Durante casi doscientos años, el nombre de Encomienda de Ricote se empleará para referirse a la zona, en detrimento de alquerías y lugares del Valle, como fue el caso de Abarán, que vivirá prácticamente en el anonimato.

Tras la muerte de Sancho IV y, aprovechando la minoría de edad de Fernando IV, Jaime II de Aragón se apodera del Reino de Murcia en 1296. Abarán pasará a depender durante ocho años de la Corona de Aragón.

Continuos períodos de paz y de guerra

El siglo XIV en Abarán y en el conjunto del Valle de Ricote se caracteriza por las guerras y discordias entre dos familias: los Fajardo y los Manueles, y por la regresión demográfica.

La centuria siguiente también asiste a enfrentamientos entre Fajardos, Manueles, Ayalas, Calvillos, Dávalos y otras familias poderosas del reino, a las que se suman el obispo de Comontes, el comendador del Valle, Pedro Vélez de Guevara. Las luchas también tienen lugar con el reino nazarita de Granada.

Las incursiones granadinas se sucedieron a lo largo de todo el siglo, como las acaecidas a finales de 1407, en que los musulmanes entraron asolando la aljama de Abarán. A finales de 1450, el rey Chico de Granada penetra devastadoramente en Abarán, destruye también Molina, Alguazas, Cotillas, Librilla y otros lugares.

Los continuos períodos de guerra entre los reinos de Granada y Murcia durante la mayor parte del siglo XV, alcanzaron su punto álgido con la gran cabalgada del rey nazarí Muley Abulhasén sobre el Valle de Ricote en abril de 1477. La hazaña se salda con el traslado de los moradores del Valle a Granada.

Panorámica desde el Castillo y de fondo AbaránÉstos solicitaron amparo y seguro, para volver a su tierra, a Isabel de Castilla, siendo atendida su petición por carta dada en Trujillo el 23 de junio de aquel año. Esta carta fue pregonada por plazas y mercados de ciudades y villas, con el fin de que nadie impidiese el regreso de los desplazados, bajo multa de 10.000 maravedíes: “...y muchos de los moros que en dicho lugar vivían y se fueron a vevir al regno de Granada y a otras partes...se querían volver al dicho val de Ricote a vevir a morar en él, si non por recelo y temor que diz tienen de ser presos t robados, e les sean fechos otros males y daños en sus personas y bienes... y porque mi merced y voluntad es que el dicho val de Ricote se torne a poblar...tomo y recibo so mi guarda y anparo y defendimiento real a los dichos moros y sus mugeres, fijos y faziendas...”.

Sin embargo, el comendador de Ricote amenazó con hacer justicia a quien osase verter quejas sobre los vecinos de su Valle, motivo por el cual, fueron escasos los que decidieron regresar, por lo que el Valle de Ricote permaneció abandonado varios años hasta el otorgamiento de la Carta Puebla.

La Carta Puebla es finalmente otorgada el 25 de septiembre de 1483, fijando las condiciones de repoblación del lugar. Se acogieron a ella veinte familias de moriscos procedentes de Hellín. Es en esta repoblación donde se halla el origen de la población actual y de los apellidos Yelo, Tornero, Cobarro, Gómez y Molina, que en la actualidad se mantienen vigentes.


Edad moderna.

Expulsión de los moriscos y despoblación de Abarán

Una vez conquistada Granada (1492), los mudéjares del Reino de Murcia se ven obligados a elegir entre la conversión al cristianismo o la emigración, en 1502. Los de Abarán llevaron a cabo bautizos masivos, con el fin de poder permanecer en su hogar. Con su conversión al cristianismo, los mudéjares pasarán a llamarse moriscos y el pueblo deja de regirse por la aljama y viejos del lugar, constituyéndose el concejo con los alcaldes ordinarios y dos regidores.

A lo largo del siglo XVI la población de Abarán se quintuplica, quedando reflejado en el censo de Salazar de 1610, la cifra de 166 familias de moriscos y solo cinco de cristianos viejos.

La expulsión general decretada en Murcia en 1610, no afectó en un primer momento a los moriscos del Valle de Ricote, gracias a: su antigüedad en la comarca, la protección que les profesaba el Marqués de los Vélez y la alta estima en que los tenía el obispo de la Diócesis de Cartagena. A pesar de todo, el 8 de mayo de 1613 se decreta, finalmente, su deportación masiva.

La expulsión traerá, por consiguiente, un drástico descenso demográfico, acompañado de una crisis económica, que sumirá a Abarán en un período de depresión del que no logrará recuperarse hasta bien entrado el siglo XVIII. Para intentar paliar esta situación, se trajeron algunos colonos, pero el antiguo censo quedó inexorablemente reducido a la tercera parte. A esta penosa situación se le unirían las mortíferas epidemias que sacudieron a la población a lo largo del siglo XVII.

Rio Segura - Abarán Acequia

Recuperación durante el Siglo XVIII

El siglo XVIII trae consigo la esperanza para los moradores del Valle de Ricote, que ven como sus contingentes poblacionales se van recuperando a lo largo de esta centuria. Gracias a su emplazamiento y posibilidades, Abarán consigue recuperarse más rápidamente que las villas vecinas, posicionándose demográficamente en primer lugar entre las seis parroquias del Valle de Ricote.

Las mejoras hidráulicas y de las comunicaciones emprendidas en esta centuria, junto con las técnicas agrícolas y renovación de cultivos introducidos en los campos, permiten potenciar la prosperidad del lugar

Testimonio de este mayor desarrollo económico son las obras acometidas: la iglesia parroquial, la casa-ayuntamiento, la iglesia de San Pablo, el puente de piedra sobre el Segura, etc.

Sin embargo, Abarán continúa bajo el poder despótico civil y religioso de la Orden de Santiago, a pesar de los esfuerzos del Cardenal Belluga y otros prelados de Cartagena, de conseguir su retorno a la jurisdicción eclesiástica del obispado.

El viejo Abarán medieval es demolido en esta época para levantar en un lugar un pueblo en concordancia con los criterios urbanísticos modernos. 


Edad contemporánea.

Crisis en el siglo XIX

El siglo XIX entra en Abarán con una notable recesión económica y con pérdidas demográficas importantes, debidas a las epidemias de fiebre amarilla y cólera, y a la fuerte emigración dirigida a Orán primero y a Iberoamérica más tarde.

A todo ello cabe añadir la Guerra de la Independencia, que tuvo en Abarán una impronta especialmente acentuada. Al término de los seis años de contienda, fue necesario partir de cero, con una población terriblemente diezmada y con unas fuentes de riqueza muy dañadas.

Dentro de esta situación de declive económico, cabe destacar el notable papel desempeñado por la introducción de norias para ampliar la superficie de regadíos, con el fin de potenciar el desarrollo agrícola de la localidad y paliar la recesión económica.

El período de inestabilidad política iniciado en 1814 dejó sentir en Abarán sus nefastos efectos, con secuelas como las hambres periódicas y las cruentas luchas entre liberales y absolutistas. En 1833 triunfan los liberales y se abre un período de enfrentamientos entre los distintos núcleos políticos por el control del poder municipal. Otro difícil período se abre en 1868 con el destronamiento de Isabel II, la creación de juntas revolucionarias, las incursiones carlistas, los atentados contra la propiedad y la subversión social.

Calle Larga [Abarán_Historia]

Pero a la vez Abarán saborea en el siglo XIX uno de sus momentos más gloriosos de su Historia, cuando las Cortes de Cádiz suprimen la jurisdicción de la Orden de Santiago y Abarán consigue alcanzar su libertad municipal.

La confiscación de los bienes de la familia real por los revolucionarios de 1868 hizo posible la puesta en circulación de las tierras de Abarán, a cuya propiedad no tuvo acceso los labradores que las habían trabajado durante años, quedando amplios sectores rurales excluidos de la propiedad.

Abarán asiste a un notable progreso en el último cuarto del siglo XIX, debido a la revalorización de la comarca por el tendido de ferrocarril Madrid-Cartagena, que impulsó y dio salida a una producción agraria, hasta entonces de interés y alcance muy locales.

Próspero siglo XX

Abarán arranca el siglo XX con una economía más próspera y con unos contingentes demográficos, censados en 3.384 habitantes, que paulatinamente irán incrementándose hasta alcanzar los 10.754 en la rectificación censal del 31 de diciembre de 1973, y los aproximadamente 12.600 actuales. No obstante, el crecimiento demográfico no ha sido siempre uniforme a lo largo del siglo, ya que entre 1910 y 1940 aumenta considerablemente, en virtud de las migraciones provinciales y su tendencia a dirigirse hacia las comarcas regadas por el río Segura. Mientras que entre la década de los cuarenta y la de los sesenta, Abarán asiste a una notable pérdida poblacional.

Tubería Motor Resurrección Uno de los hitos económicos del siglo XX para la localidad, fue la creación en 1912 del proyecto “Motor Resurrección”, ideado por Jesús Templado e Isidro Gómez. La Comunidad de Regantes “Motor Resurrección” se crea tras un intento frustrado de un pozo artesiano, que llevó a estos dos hombres a idear una solución válida para satisfacer la necesidad de agua de los campos abaraneros. El Motor se pone en funcionamiento en 1917, convirtiéndose en la piedra angular de la economía del lugar, y haciendo llegar el agua a una superficie de 6.000 tahúllas.

Desde principios del siglo XX la capacidad industrial de Abarán se encuentra íntimamente ligada al sector agrario. Gran parte de la actividad económica del municipio gira en torno a la agricultura, con unas 2.500 Has. de regadío, y a las industrias derivadas de ella, especialmente la de manipulación de frutas frescas para la exportación, base tradicional de la población abaranera.

También resultan de interés económico la explotación de canteras de caliza, así como el sector comercial.


* LISÓN HERNÁNDEZ, L. Aproximación Histórica de Abarán. Abarán. (1983). Grupo “ABARÁN V Centenario”.
* VV.AA. Pueblos de Murcia. Murcia. (1974). Diputación Provincial.
* VV.AA. Abarán para el recuerdo. Murcia. (1984). Caja de Ahorros de Alicante y Murcia.
* VV.AA. Materiales de historia local: Cieza, Abarán, Archena, Blanca, Ojós, Ricote, Villanueva del Segura, Ulea. Cieza. (1999). Francisco Salmerón Jiménez y Joaquín Salmerón Juan (editores): Centro de Profesores y de Recursos de Cieza: Asociación Cultural Fahs.


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(En construcción)

 

Abarán fue pionera en exportaciones, pasado industrial testimoniado en su monumental chimenea y en la llegada de los productos de la huerta murciana a toda Europa.



La fisonomía de la ciudad de Abarán son sus calles empinadas desde el río, hasta encaramadas cuestas donde se puede encontrar, por ejemplo, su Plaza de Toros, obra de 1891 del arq. Justo Millán, junto al Teatro Cervantes, restaurado en 1993. Cuando en el siglo XVIII crece la economía del país ya Favaran tenía regadío, puentes y urbanística superiores para su época, testimoniados hoy, por ejemplo, con la acequia Charrara. 

Arquitectura: son notables la antigua iglesia de San Pablo con sus esculturas de Planes sobre San Pedro y Cristo resucitado, y un sagrario de un retablo ya desaparecido. La iglesia que es del año 1515 conserva frescos en su cúpula.



La figura de El Niño de Abarán es emblemática y popular, cuya presencia está tanto en las iglesias como en los hogares. 

En la cima del cerro del noroeste se encuentra la ermita de los Santos Médicos, mártires y patronos, San Cosme y San Damián, de 1834, en cuyo interior se encuentran dedicadas a estos unas andas de 1927 hechas en plata de Ley. Esta veneración propició que a la villa, junto con Caravaca y Murcia, se le concediera año jubilar.



En la Sierra del Oro está también la ermita de la Virgen homónima, en cuya iglesia los fieles inscriben sus peticiones en un libro a tal efecto.



Junto a Alguazas, Archena, Blanca, Ceutí, Las Torres de Cotillas, Lorquí, Ojós, Ricote, Ulea y Villanueva conforma el mítico Valle de Ricote

La iglesia de San Pablo, construida en el siglo XVII, posee una estructura basilical de tres naves y crucero con cúpula.

En su interior ofrece notables detalles arquitectócnicos y artísticos, como el Niño Jesús, de Salzillo, el Cristo Yacente, de Planes, un cubrecáliz y sagrario del siglo XVIII y una casulla con el blasón del Cardenal Belluga.

En el Santuario de Nuestra Señora del Oro, en la sierra de igual nombre, se halla la imagen titular, por la que los abaraneros siente una especial veneración.

En lo más alto de la villa, sobre una planicie la Ermita de los Santos Médicos (San Cosme y San Damián) acoge a los patronos de la villa. Remodelada en varias ocasiones, la iglesia presenta un colorido peculiar y grandes pinos en el exterior. Ofrece una hermosísima panorámica del río Segura y la Sierra del Oro. No hay forastero que visite Abarán y se marche sin pasear por el Paseo de la Ermita.
Sierra de la Pila

Patrimonio Artístico

El término municipal, de 114.4 kilómetros cuadrados y una altitud de 223 metros sobre el nivel del mar, posee un tesoro ecológico: el espacio protegido de la Sierra de la Pila, compartido con los municipios de Blanca, Jumilla, Fortuna y Molina de Segura, posee variedad y abundancia de flores, carrascas, pinos y sabinas.

El río Segura forma en Abarán paisajes de gran belleza, como el Jarrax, bello paraje junto al rio, justo donde se situa la presa de desvía el agua a la central eléctrica de D. Nicolás, la primera que proporcionó esta energía al pueblo.

Destaca también el Parque de las Norias, ubicado junto a la Noria Grande.

 

 

Los lugares de interés turístico son: 

Iglesia de San Pablo, Ermita de San Cosme y San Damián, Santuario de Nuestra Señora del Oro

 

Gastronomía:

La cocina de esta zona de la vega alta del Segura se asemeja a la de la Vega Media que rodea la capital de la Región, aunque conserva algunos platos representativos de las tierras de secano.

El cocido con pelotas, arroz y garbanzos con mano de ternera, potaje, olla mentirosa, gachasmigas, asado de cordero y arroz y conejo (el plato típico del tradicional 'día de la mona') son los más característicos de la villa.

Hortalizas y verduras están muy presentes: berenjenas, pepinos, pimientos, ajos, cebollas y ensaladas de de tomate, lechuga, olivas, tallos y tápenas.

Los postres y sobre todo los dulces son punto y aparte en Abarán. Existen un gran número de recetas caseras para terminar una buena comida, como son los riñones, bizcochos borrachos, tortas de naranja, las picardías (exquisito caramelo con avellana), las confituras de albaricoque y melocotón, "regado" todo con un buen vino del Boquerón. Y en Navidad los típicos mantecaos, escardaos y almendraos.

No puede faltar en la mesa la gran variedad de fruta local, presente durante todo el año según la estación: chato, melocotón, albaricoque, ciruelas, naranjas, mandarinas, etc.

 

  


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