Hombres buenos
En el pasar de los años, los artículos que llenan el Programa de las Fiestas (las grandes Fiestas de los Santos Patronos San Cosme y San Damián) han sido muy variados y atractivos, escritos siempre por abaraneros entusiastas de su pueblo o extraños, simpatizantes del mismo. Por lo que a mí respecta, me gustaba sacar del Archivo (bastante rico) hechos y genealogías ignorados.
Este año, al invitarme para colaborar en el mismo, me ha venido a la cabeza hablar de esa clase de vecinos que, aunque' en todos los pueblos se encuentran, los de Abarán eran para mí simpáticos en su trato y, al mismo tiempo, admirados.
Es muy general hablar de los hombres que por su saber, su destacada labor en puestos relevantes, por su arrojo en emprender negocios difíciles, son exploradores de España, Europa y el mundo entero, trasladándose a los mismos con la facilidad que se toma el autobús de Cieza y Murcia.
Pero hay una clase de hombres que nadie nombra, ni para bien ni para mal, que son poco conocidos fuera de su íntima familia. Se les encuentra en su trabajo humilde y oscuro de la huerta o de la fábrica. Se reúnen entre sí y nunca hacen ruido, forman su círculo en la casa de alguno de ellos y no pocas veces echando alguna partida. Si nos detenemos a ver de qué tratan, nunca hablan de política, jamás hablan de los demás; para ellos todos son buenos y, por consiguiente, a todos respetan. ¡Cuántas veces me han invitado a que me sentara en medio de ellos en sus tertulias, siendo para ellos un gran honor el que el señor Cura aceptara! Alguna vez mi placer era enterarme de sus conversaciones y alguno del grupo me decía: «Pues nada, que mi mujer está empeñada en que me deje el tabaco porque de vez en cuando suelo toser y yo le digo: toda mi vida estoy fumando y pocas veces son las que toso; pero para que haya paz me privo de algún cigarrillo». Otras veces recuerdan sus tiempos de mozo y alguna que otra travesura de cuando iban de ronda y ¡cómo gozan con estos recuerdos! Nunca falta el ocuparse del desarrollo de las cosechas: que si esta luna no hace madurar los tomates, que si el escarabajo va a terminar con las patatas, y así por el estilo es siempre su conversación.
No nos hemos dado cuenta de esta clase de vecinos, tan unidos, bondadosos siempre, respetables y acogedores.
De estos hombres he pensado hablar este año en el Programa, para hacer justicia a la honradez, trabajo y oscuridad en que pasan su vida sin que nadie se ocupe de ellos.
Y como forman grupo muy homogéneo, poco numeroso y menos llamativo, resulta como consecuencia que, cuando se trata de hacer alguna campaña, se quedan marginados. Ellos solos se encargan de ir formándose a su modo: siempre respetuosos con toda clase de personas o acto de cualquier cariz, ya religioso, ya civil. Y si de su religiosidad se trata, que no la pongan en tela de juicio- ¡Con qué tranquilidad y confianza entraba yo en sus aposentos en sus trances últimos! Si estaban en condiciones de hablar. ¡Qué piadosamente recitaban las oraciones con la misma facilidad que los niños en la escuela! Y en cuanto a unirse a la voluntad del Señor, siempre ejemplares. Todo esto no se improvisa ni se hace por cumplir, es reflejo de una conciencia siempre recta, como había sido toda su vida.
¡Animo!, hombres del pueblo que pasáis vuestra vida escondida ante el mundo, siendo vuestra entrega al trabajo el objeto principal de la misma, y que con vuestro silencio vais sosteniendo los cimientos de la paz y amistad de vuestro pueblo.
Que los Santos Patronos San Cosme y San Damián os sigan ayudando en todos vuestros quehaceres y en esas reuniones de descanso sin hacer daño a nadie.
JUAN SÁEZ
Programa de Festejos de 1977