Jesús Aroca Martínez

  1. Entrevista
  2. Canto a la golondrina

      1. Nació en Abarán el 21 de Septiembre de 1903, hijo de Joaquín Aroca Yelo y de María Martínez Gómez (del Chiqueto), en el número 37 del Barrio de Levante. Dice D. Jesús que ya de por sí era una desgracia nacer en aquel tiempo, y todavía más en la casa de un obrero con un sueldo de 2 pesetas a las diez horas de trabajo y seis hijos que mantener. 

-¿Qué recuerda usted de sus años de juventud? 
- Éramos tres hermanas y tres hermanos, yo era el penúltimo de los seis. En aquel tiempo no se conocía nada de Seguridad Social, eran tiempos muy negros. Los cuatro primeros años no recuerdo como era la vida en mi casa, pero de ahí en adelante si puedo decir que pasábamos mucha hambre y necesidades de todas clases. Muchas noches teníamos que olvidar en mi casa que también se cenaba por la noche. Una de las noches que mi madre subió a darme el beso de las buenas noches mojó mi cara con sus lágrimas, de sentimiento de ver que no podía darle de cenar a sus hijos. Es mi deseo que a ningún niño del mundo le vuelva a pasar una cosa semejante. Y como las desgracias nunca vienen solas en la casa de los pobres, muere mi abuela Chiqueta y se deja una hija paralítica que ninguno de los hermanos que no tenían hijos quiso recoger, y mi padre, que tenía un gran corazón, se la trajo a mi casa y entonces ya éramos nueve en la mesa a repartir el hambre. Y aquí no para la cosa porque al cabo de un año muere una tía y deja dos huérfanas, y como ninguno de mis tíos quiso llevárselas se las trajo mi padre a mi casa. Ya siendo diez enferma mi madre, que cae en la cama, en la que estuvo tres años enferma y una noche muerta.

-¿Cuándo empezó a trabajar? 
- A los nueve años ya trabajaba oficialmente llevando un par de mulas del ramal . Así estuve como dos años, tras los cuales cogí una "azá" que pesaba más que yo. Con trece o catorce años pensé que allí no tenía futuro y entonces había en Abarán un gremio de clavadores de cajas con 114 carpinteros. Fui al herrero Trifón y le encargué dos martillos, uno para púas grandes y otro para pequeñas, que me costaron un duro. Con ellos bajo el brazo recorrí todos los almacenes ofreciéndome de balde por enseñarme y en ningún sitio me quisieron admitir. Por fin me admitieron en casa de D. Nicolás Gómez Tornero. A los tres meses era el carpintero 115 que había en Abarán. Al poco tiempo me llamó Wenceslao Gómez Castaño para trabajar en su casa como un obrero-encargado. Las mujeres trabajaban una semana sí y otra no. La semana que no trabajaban yo clavaba las cajas y cuando venían las mujeres estaba de encargado con ellas. Wenceslao me mandó a Tobarra a comprar albaricoques realizando buenas compras. De Tobarra fui a Lérida. Empece en Tarraga y terminé en Aitona. También estuve en La Rioja y en Navarra donde hay una línea férrea que pasa por Corella, Citrónigo, Fitero, Cornago, Cervera, Inestrillas y Aguilar. También estuve en Zaragoza, en La Puebla de Híjar, donde estuve en casa de una familia muy querida en este pueblo, la familia de José Lambea.

-¿Cuántos almacenes había en Abarán?
- Había muchos pero no los recuerdo todos, estaba el de Nicolás, que era una persona que dió mucho de comer en Abarán. Era un hombre de los que engrandecen los pueblos, un gran hombre que no debe quedar en el olvido. También estaban los Macanases, la Pacha, Carrasco, Basilio, los Literos, los Champanes, Tartaja, Cobarro. Wenceslao se portó muy bien conmigo. En una ocasión Wenceslao formó una sociedad con su hermano y me mando a Briviesca a comprar ciruelas. De allí salimos de una forma que a mí no me agradó por lo que dejé de trabajar con él. 

-¿Cuándo aprendió usted a leer y escribir?
-Siempre tuve buenos amigos, en Abarán y todos los sitios donde estuve. Los buenos amigos me enseñaron las primeras letras y a juntarlas. Una vez que ya iba deletreando empecé a leer todo lo que caía en mis manos, de noche, de día y en todos los momentos que tenía libres. Ya leía casi correctamente y sabía las tres reglas, cuando por ignorancia me dio por la música y me dejé las letras, y aunque hoy me atrevo a escribir de todo lo hago con faltas de ortografía. 

- ¿Quién le enseñó música?
-El maestro David Templado. 

-¿Que le parecía el maestro David?
-Era una gran persona, querido en el pueblo entero y un gran músico. 

-¿Qué le parece la música de David Templado?
-Para mí muy agradable, muy buena.

-¿Qué instrumento tocaba en el banda?
-Fui trombón primero durante 50 años, no porque fuera bueno, sino porque no había otro mejor, aunque con mi constancia, mis papeles siempre los sacaba adelante. 

-¿Y que nos dice de "La Ecléctica"?
-Fue una orquesta de música clásica, que fundaron Adrián y Cristóbal, que fueron unos grandes violinistas y confiteros, aunque el director fue siempre Adrián, una gran persona, querida por todo el pueblo, muy formal, muy seria y muy noble. Esta orquesta alcanzó un prestigio reconocido por toda la provincia y fuera de ella. En esto se fundaron los "Amigos del Arte", que también fundó Adrián, en la que yo tocaba la viola, con tales componentes que parecía que no eran aficionados. Hubieron grandes intérpretes en esta compañía de zarzuela, como Juanita Templado, que fue una gran soprano por su voz y por su gran simpatía. Se dieron muchas zarzuelas, todas con éxito. De aquella compañía nacieron las que hoy están actuando. La guerra lo destruyó todo, orquesta y teatro. 

-¿Dónde estuvo usted en la guerra?
-En Hinojosa del Duque y La Peraleda, en Extremadura, y participé en la batalla de Sierra Trapera. Hicimos un avance casi hasta Sevilla pero después retrocedimos casi hasta el mismo sitio de donde empezamos el avance. Por suerte o por desgracia me tocó en la Brigada del Campesino, que era la 209, que siempre estaba metida en todos los chapeos y en ella murieron varios de Abarán. 

-¿Qué hizo después de la guerra?
-Después de la guerra me llamaron de casa Basilio Gómez, hombre serio, formal y decente, para trabajar en Archena en la báscula. Quedamos un poco disgustados y me despedí de la casa, pero corno Basilio era un hombre formal, me mandó a un encargado suyo para que fuera a su casa. Fui, me hizo la cuenta bien, y me mandó a Calahorra a comprar ciruelas, a las órdenes del Rojo de la Chapina que era uno de los encargados principales, también un buen hombre. Con él estuve en Aragón y parte de Navarra siete años, tras los cuales me despedí porque no ganaba para mantener a mi familia. Aunque manejaba mucho dinero no aprendí a robar, cosa ésta que me satisface y de la que estoy muy contento. También estuve ocho años con los llamados Pelavivos. El último trabajo que tuve fue en la fábrica de manufacturas metálicas de Bienvenido Yelo, en la que estuve 26 o 27  años.

-¿Qué otros trabajos ha tenido en su vida?
-He hecho de todo, desde segar con una hoz hasta trabajar en la imprenta. También tuve una viña que plante en unas tierras que le tocaron a mi mujer, con 2.500 cepas, que llegaron a tener un año 8.500 kilos de uva, y también me hice una modesta casa a la orilla del camino de nueve metros de fachada.

-¿En qué imprenta trabajó?
-Trabajé en la imprenta de Constantino Carrillo. Tiraba en una máquina los ejemplares. En esta imprenta le daba al pedal un ciego, Fidelio de Upa, un hombre de una cultura increíble porque había un estudiante, el Nenico de la Herminia, que le leía todo lo que tenía, y Fidelio aprendía todo lo que oía. Este hombre era el que corregía la letra de todas las zarzuelas.

-¿En que año se retiró?
-En 1970. Empecé a ir a la biblioteca a sacar libros para leer, pero entonces me di cuenta de que a mí me pasaba lo mismo que a un árbol cuando pierde las raíces, que por mucho que se riegue y abone ya no da lo suyo. Por mucho que yo leía a mi me faltaban las raíces. Dormía en la cama con un bloc, un boli y un transistor, y por casualidad una noche oí el programa "Al Alba", que presentaba Carmen Olaya. Colaboré con este programa durante seis años. A pesar de que ha dejado el programa desde hace 4 años, aún recibo cartas suyas

-¿Con cuantos programas y revistas colabora usted ahora?
-Con "El Club de la Vida", de Radio Nacional, con el que colaboro desde hace 8 años, y recibo "Sesenta y Más". He conseguido treinta y dos premios en concursos que hacían en la radio, que consistían en transistores, relojes, camisetas, libros, etc, entre ellos un libro que tiene 300 o 400 páginas escrito por 12 doctores para la tercera edad y La Biblia. 

-¿Qué otras cosas hacía después de retirado?
-En un trozo de tierra que tenía mi hija Raquel a la altura del asilo, en la carretera nueva, de unos 600 o 700 metros cuadrados, me dediqué a poner hortalizas de todas clases para toda la familia y algunos amigos. Hasta el 94 las últimas patatas las puse yo. Además hago ejercicio. Todas las mañanas hago mis quince o 20 minutos de gimnasia y ando lo que el cuerpo me pide, cosa que le recomiendo a todos los mayores. Y además todos los días escribo dos o tres horas, a pesar de mis 92 años. Tengo 13 o 14 libretas escritas. También escribo versos, como los que siguen:

Dime, querida Carmen, 
si me quieres contestar, 
dónde está la Abuelita 
que sus consejos no oigo ya. 
Si es que no está ya en este mundo, 
lo sentiría de verdad, 
que Dios la tenga en su gloria 
y que allí descanse en paz.

-¿De todas las personas que ha conocido a lo largo de su vida a quienes destacaría en las diversas facetas?
-A Adrián García, a D. Pedro García, y a Joaquín González Castaño, uno de mis mejores amigos. Pero tengo que decir que soy amigo de todo el mundo, que nunca hice mal a nadie y en mis posibilidades he ayudado a todo el que he podido.


 


El abuelo Jesús con mi hermana Elena (años 80)   = / =   Día del Niño en el Barrio Levante (¿principios de los años 90?)

 

        2. Una de las poesías que escribió mi abuelo y más me gustó es la siguiente:

Canto a la golondrina

Dime golondrina bonita,
querida por toda la humanidad,
¿quién te enseño a caminar?

Es fruto de tu inteligencia,
o Dios movido por tu bondad,
quiso hacer un milagro,
y este don te quiso dar.

Dos veces al año el camino,
recorres a través del mar,
largo, cansado y con esfuerzo,
y siempre sin llegarte a equivocar.

Como una flecha bien dirigida,
vienes el verano a pasar,
vienes como tantas veces,
y como tantas otras te vas.

El hombre con su inteligencia
y con mapas y brújulas además,
tardó tiempo en poderse orientar,
y aún así se suele equivocar.

Todo esto es un misterio,
que yo no se descifrar,
como una simple avecilla
hace algo tan singular.

Otra cosa hay en ella,
que no me puedo explicar,
esos nidos tan bien hechos,
que nadie puede mejorar.

Como saben elegir la charca
para que el barro pueda pegar
y poco a poco y con paciencia
llegan su nido a terminar.

Ven cada año a mi tejado,
y en su alero puedes colgar,
el nido que con gran trabajo,
te permite a tus pollos criar.

Si no te gusta mi tejado,
lo mejor que tengo te he de dar,
la ventana de mi último piso,
abierta la encontrarás.

Con esta ventana abierta,
a mi casa podrás entrar,
y en una habitación tranquila,
de la lluvia y el frío escaparás.

Una cosa más quiero decir,
con mi amistad puedes contar,
y un año tras otro con esperanza,
siempre, siempre te he de esperar.

Dime ahora golondrina,
cuando te piensas marchar,
porque en tu lejana tierra,
pronto el verano empezará.

Quedaré un poco triste,
cuando partas a tu otro hogar,
pero mi corazón lleno de anhelo,
siempre, siempre te ha de esperar.

 

 

 

  


Página principal


Abarán